miércoles, 19 de junio de 2013

Por los pueblos de la arquitectura negra

Al ver esta nueva entrada, podríais pensar que todos los fines de semana me hago una escapada, bien me gustaría que fuese así, pero nada más lejos de la realidad. Lo que ocurre es que tengo varias escapadas guardadas en el tintero o mejor aún, anotadas en mi Moleskine (útil compañera de viajes).

Llevábamos tiempo preparando esta escapada, e incluso habíamos hecho un reconocimiento previo para matizar algún detalle. Ya teníamos el fin de semana escogido y a medida que se acercaban las fechas, nuestro temor iba en aumento pues la meteorología no se decidía a acompañarnos. Sin embargo, al final la suerte nos sonrió, pues creo que fue el único fin de semana de abril que ha hecho bueno.

Rafa nos esperaba ultimando detalles en la CR La Pizarra Negra elegida en esta ocasión para nuestro fin de semana. Nos facilitó todo tipo de información sobre la zona y sus útiles consejos sirvieron para ajustar nuestros planes.

  


Poco a poco fueron llegando el resto del grupo y acomodándose en las habitaciones con sugerentes nombres de la toponimia de la zona. Pico del Lobo, Sonsaz, Tejera Negra u Ocejón. 

Esa primera tarde, nos acercamos a Robleluengo, pequeña pedanía de Campillo de Ranas y al propio Campillo de Ranas. En ambos lugares empezamos a disfrutar de esta peculiar arquitectura, que recibe su nombre debido al color negro predominante de la pizarra, aunque también se aprecian tonos violetas, azulados e incluso plateados.

Con la caída del sol, caen también las temperaturas y aunque no llega a hacer frio, uno se encuentra mas a gusto al calor del hogar con una copa de vino preparando las viandas para la cena.

El sábado, iniciamos nuestra andadura en la muralla china, pero no la que discurre desde Corea al desierto del Gobi, sino la que serpentea para cruzar el cañón del Jaramilla. Esta pista de curvas cerradas y pronunciadas pendientes, hecha de cemento estriado para evitar los resbalones invernales, parece ciertamente un pedacito de la Gran Muralla trasladada a Guadalajara.


           


Tras unos cuantos disparos de mi Nikon, nos dirigimos a Roblelacasa para desde ahí iniciar una pequeña ruta hasta las pozas del Aljibe. El día nos acompaña, no hace demasiado calor y el azul intenso del cielo contrasta y realza los verdes de la vegetación y los pardos de la pizarra. A medida que te alejas del pueblo, este se va fundiendo con el paisaje hasta quedar completamente mimetizado. Entre jaras y robles y con el rumor del agua acompañándonos, nos acercamos a nuestro destino. Las Pozas o cascadas del Aljibe, se han formado en la confluencia del Arroyo del Pozo y el Jarama y con las lluvias de este año su aspecto es espectacular. La vista es mejor desde la otra orilla, pero el acceso es también más complicado.

El camino de vuelta se hace algo más duro, el calor empieza a apretar y las pendientes parecen más pronunciadas, aunque quizá sea porque ahora son cuesta arriba. Al final, ya casi llegando a Roblelacasa, unas cuantas vacas negras, como no podía ser menos, nos cierran el paso y aunque tienen más miedo que nosotros miran desafiantes e imponen respeto.

           


La excursión termina de nuevo en Campillejo, pero no en la casa sino dando buena cuenta de un estupendo cabrito en el restaurante de Maribel Los Manzanos,

La tarde, después de una buena siesta reparadora la dedicamos a pasear por Majaelrayo, tratando de encontrar la casita donde Jesús Garcia Velasco, el abuelo de Majaelrayo, se convirtió en famoso gracias a un anuncio de vehículos todo terreno con su inolvidable ¿Y el Madrid qué, otra vez campeón de Europa?

Para el domingo elegimos otro de los pueblos de la comarca al que accedemos por una pintoresca carretera cargada de color, Valverde de los Arroyos. Después de deambular por sus calles y encargar el pan para la comida, nos encaminamos a la Chorrera de despeñaelagua. Es domingo, hace buen tiempo, el paisaje es gratificante y la oferta culinaria amplia, para colmo, estamos a apenas una hora y media de Madrid. La conclusión a todo esto es que la senda hasta las chorreras se convierte en un interminable gusano de personas, en una lenta procesión de excursionistas, en un ir y venir de penitentes que a menudo tienen que cederse el paso debido a la estrechez de la senda. Al final el espectáculo merece la pena aunque haya que contemplar la caída del agua hombro con hombro con el resto de caminantes.

Cerramos nuestra escapada de fin de semana con una suculenta barbacoa en la Casa Rural planeando cual será nuestro próximo destino. Lástima que la piscina no esté aun en uso, aunque de estarlo igual no hubiéramos vuelto a casa.

              

Un abrazo y hasta la próxima.


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martes, 11 de junio de 2013

Por unas verdinas

Pudiera parecer, leyendo las numerosas revistas de viajes, que estos debieran ser a exóticos y lejanos lugares y suponer un gran desembolso económico, sin embargo -y aunque en esta ocasión me salgo del circulo de los 300 Km- muy a menudo, desconocemos las ofertas que nos ofrece nuestro pequeño entorno.

Esta vez, como digo, excedemos el radio de los 300 Km pero creedme merece la pena. El viernes por la tarde nos dirigimos hacia el Principado de Asturias y aunque la hora de salida no es la más idónea, en ningún momento se hace pesada la conducción. Es curioso ver cómo cambia el colorido a lo largo del recorrido, de los campos de cereales y pinares castellanos, hasta la cuenca astur-leonesa de la minería. Especialmente llamativa es la caída de la tarde sobre el Embalse de los Barrios de Luna, donde dan ganas de pararse y disparar mi Nikon.

En esta ocasión, el grupo no es el habitual sino una reunión de antiguas amigas del colegio de Ana, que llevan tiempo sin verse. Ellas se conocen, pero algunos de nosotros ni las conocemos ni nos conocemos entre nosotros. Ciertamente la cosa promete, puede ser un auténtico caos o el principio de una gran amistad.

La mayor parte del grupo se hospedaron en el HR Alavera, en San Martín del Mar, donde Yeni les atendió como si en su propia casa se encontrasen.

La tarde noche la dedicamos al reencuentro y disfrutamos de una maravillosa cena en casa de los anfitriones con unas impresionantes vistas de la ría de Villaviciosa.



El sábado fue largo, intenso y bien aprovechado. Empezamos nuestro recorrido por Villaviciosa, Capital de la Manzana y, cierto es que mires donde mires, los campos son autenticas pomaradas que luego producen ese maravilloso brebaje que es la sidra. Cualquier maliayes orgulloso de su pasado, te contará que Alfonso X El Sabio le concedió a Villaviciosa la carta puebla, es decir el derecho a constituirse en Villa amurallada. También te comentará que allí paso noche, en la Casa de los Hevia, el príncipe de Gante antes de ser coronado como Carlos I de España y tras desembarcar en Tazones. No dejes de visitar la Iglesia de Santa Maria, el teatro Riera o el mercado de abastos de principios del siglo XX y que aún conserva sus puestos de venta donde encontrar los ingredientes necesarios para hacer unas buenas fabes.



La hora de la comida estaba cerca y Juan se encargó de reservar mesa en uno de los más famosos y al mismo tiempo entrañables sitios de Asturias. Su fama es bien conocida y no se trata de un súper mega fashion restaurante. Casa Xico en Mestas de Ardisana, tiene una de esas cocinas pausadas, sin agobios que hacen del buen yantar un mejor reposar. Su menú no es dilatado ni de diseño, es simplemente un menú completo con exquisitos productos para satisfacer al más exigente de sus comensales. Verdinas con pantruque y cebollas rellenas.

Con el regusto de las verdinas llegamos a Ribadesella, principal puerto de Asturias hasta que Jovellanos trasladó el tráfico marítimo a Gijón. Aunque la playa está vacía, caminar por el Paseo Marítimo es siempre agradable. De un lado una mar brava batiendo sus aguas contra las rocas, de otro, las antiguas casonas de indianos que tras hacer "las Américas" se establecieron o reasentaron en Ribadesella. Hoy en día, la mayoría se han convertido en hoteles, como el Chalet de los Marqueses de Argüelles.

Al otro lado de la ría, en el Paseo de la Grúa, Mingote se encargó de hacer un repaso a la historia de Ribadesella. Desde la prehistoria hasta la actualidad, pasando por la guerra de la independencia o la más reciente presencia de los Príncipes de Asturias. Por cierto, el Príncipe aparece decapitado posiblemente porque debido a su altura no cabía en el panel.

El paseo junto al mar ha abierto de nuevo nuestro apetito, así que una vez de vuelta y tras un breve descanso, nos dirigimos a Tazones. Después de un agradable paseo por este antiguo puerto ballenero declarado conjunto histórico artístico y a pesar de no poder disfrutar completamente de su colorido -habrá que volver de día- sí disfrutamos de una sidra en un chigre del puerto. En La Tortuga, Xico se encarga de servirnos una deliciosa sopa de pixin (rape) y unas ñoclas a la plancha y para terminar que mejor que unos quesos variados de la tierra.

Como colofón a este intenso día, Juan insiste en llevarnos a tomar una copa a un sitio que seguro nos gusta. Nada más verlo, dudas. El coche se queda aparcado en un oscuro descampado junto a una vieja grúa. El local, sin nombre visible, es una antigua tienda de ultramarinos o estanco, situado en medio de la nada, en un cruce de carreteras. Dos focos iluminan unos sillones blancos que no sabes muy bien qué hacen ahí. Igual son para sentarse mientras viene el autobús de línea. Sin embargo una vez dentro, todo cambia. Lo primero que notas es el calor de una inmensa chimenea empotrada en la pared de piedra, luego percibes el agradable sonido del jazz que inunda todo el local. Finalmente reparas en la barra, repleta de botellas de diversos colores y marcas, iluminadas de forma que confieren al ambiente una intimidad y romanticismo especiales. Kike te atiende con tranquilidad, uno a uno, sin prisas. Es como un psicólogo de la noche, apenas unas palabras y sabe encontrar el combinado perfecto para cada uno. Seco, aromático, frutal, exótico, da igual que se trate de un gin tonic u otra mezcla, él sabrá encontrar esa bebida que aun no sabes que te gusta.



La noche se acaba igual que nuestras copas y abandonamos El Gobernador, El Estanco o el Soda 917, como creo que se llama realmente, para volver tranquilamente a casa y descansar. El camino de vuelta, aún nos depara alguna nueva sorpresa que por suerte se queda en eso, un pequeño susto. La oscuridad de la noche circulando por estrechos caminos que ningún GPS reconocen hace que debamos “recalcular nuestro recorrido” para poder llegar felizmente a nuestro destino, sin embargo en una de esas curvas, algún conductor avezado, tratando de emular a Carlos Sainz deja su coche sobre dos ruedas asustando al pasaje que de forma rauda abandona el vehículo y si pudieran también al conductor.

El domingo despierta un poco amenazador pero poco a poco la amenaza se va convirtiendo en bonanza y finalmente disfrutamos de la paella de Juan contemplando la ría de Villaviciosa. Entre risas, abrazos y promesas nos despedimos hasta la próxima reunión y emprendemos el viaje de regreso.

Un abrazo y hasta la próxima.

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miércoles, 29 de mayo de 2013

Villalbilla de Gumiel

Para los que vivimos en las grandes ciudades, realizar una pequeña escapada de fin de semana supone todo un descanso que, a menudo se convierte en necesidad. Buscamos desconectar del día a día, salir de la rutina y juntarnos con amigos o disfrutar de la familia en un entorno distinto. Tampoco queremos pasar muchas horas al volante, especialmente el domingo de regreso. Trázate un círculo de unos 200 ó 300 kilómetros alrededor de tu casa y verás la gran oferta de que dispones. Hoy te presento una opción que aúna aspectos fundamentalmente culturales y gastronómicos.

Posiblemente nunca te hayas planteado hacer una parada en Villalbilla de Gumiel, y es que a decir verdad, no tiene nada de especial. No es un pueblo que destaque por sus casas blasonadas, palacios o monasterios. Lo que hace que Villalbilla sea especial, es precisamente eso, nada. El silencio, la tranquilidad y el sosiego del campo castellano.


Otro aspecto que hace de este pequeño pueblo un lugar ideal para un fin de semana es la cercanía de otros destacados lugares de interés y una acogedora casa rural. La CR La Pacheca, te ofrece un agradable alojamiento para catorce personas -ideal para siete parejas- desde donde puedes planificar el resto de excursiones. Su gestión corre a cargo de Alberto y Jose Manuel, que seguro te ayudan con la planificación. Mi recomendación es la siguiente.

El viernes, una vez que hayas tomado posesión del alojamiento, desplázate hasta  Aranda de Duero (20 Km). Procura visitar sus antiguas bodegas, toda Aranda esta escavada. Descubre las intrigas cortesanas fraguadas en torno a la iglesia de Santa Maria. Pasea por sus calles y aprovecha para cenar de tapeo, eso sí con moderación si eres el que conduces de vuelta. El Lagar de Isilla, El Ciprés o El Somatén pueden ser alguno de los múltiples locales donde saborear unas tapas.


El sábado es el día fuerte, así que prepárate un buen desayuno que te ayude a aguantar hasta el mediodía.
Empieza la jornada visitando el Monasterio de Santo Domingo de Silos (31 Km). Si tienes la oportunidad, escucha el canto gregoriano de sus monjes benedictinos y no dejes de pasear por su claustro románico. Si vas con niños, enséñales el ciprés centenario situado en el centro del claustro y la secuoya de la entrada principal.


No lejos de Santo Domingo, apenas a 3 Km, se encuentra el desfiladero de La Yecla, horadado durante millones de años por el arroyo El Cauce. Sus seiscientos metros de puentes y pasarelas no te dejaran indiferente.


Has llegado al punto intermedio de la jornada, así que te puedes permitir un pequeño homenaje. El restaurante El Prado de las Merinas, con Helena al frente,  es un buen lugar donde degustar la gastronomía de la zona para posteriormente acercarte a Caleruega.  

Paseando por el claustro del Real Monasterio de Santo Domingo de Guzmán, podrás observar el paso del tiempo desde el inicio de su construcción en el siglo XIII hasta la posterior edificación en ladrillo del sobreclaustro del siglo XVIII.


La jornada ha sido larga y ha llegado el momento de que disfrutes de la casa rural. Después de cenar, una mesa de billar y un futbolín te ayudarán a divertirte en compañia de los tuyos.

El domingo, antes de volver a la realidad del día a día, te propongo una última visita a Peñaranda de Duero (20 Km). Ya sólo la plaza mayor merece la visita, con sus casas tradicionales de adobe y entramado de madera, pero ya puestos, no dejes de visitar el Palacio de Avellaneda ni la Colegiata de Santa Ana y por último una panorámica general desde el Castillo.


Ya de regreso y en un ambiente completamente familiar gracias a Gabriel y los suyos, puedes parar en El Ventorro y deleitarte con un cordero lechal acompañado de uno de sus estupendos caldos. Una apacible sobremesa donde comentar lo sucedido o planificar la próxima escapada te dará fuerzas suficientes para volver a casa y comenzar con energías renovadas la semana. También puedes llevarte productos de la zona que te ayuden  recordar esta escapada.

Un abrazo y hasta la próxima.

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