jueves, 17 de junio de 2010

Goooooood mooooooorning Beachland

Sí, ya hace unos meses que me encuentro desplegado en Beachland, pequeño país del continente Medio. ¿Problemas? Los acostumbrados. Inestabilidad económica, reclamaciones territoriales -normalmente basadas en recursos energéticos- antiguos conflictos no del todo olvidados y por supuesto conflictos étnicos o religiosos. ¿Es una guerra? No desde el punto de vista tradicional, ni siquiera hemos llegado al punto de guerra civil. Es lo que ahora se define como conflicto armado.

NNUU reclama la intervención de la OTAN para asegurar un mínimo de estabilidad y poder comenzar la reconstrucción nacional.

La campaña anti OTAN está bien orquestada. Se nos acusa, como en otras ocasiones de falta de imparcialidad. En las grandes ciudades, los coches bomba o conductores suicidas están a la orden del día. En el resto del país, hay que sumar además las emboscadas. Nuestros soldados mueren y a menudo nuestros países reclaman el regreso de las tropas. ¿Por qué la OTAN tiene que involucrarse en problemas tan lejanos? ¿Por qué nuestros soldados dejan su vida en conflictos del continente medio? A veces también yo me hago esas mismas preguntas. Como solucionar los problemas ajenos cuando no soy capaz de solucionar los míos propios.

En Münster he dejado a Ana y a los niños. No es fácil establecer comunicación diaria. En la era de las comunicaciones el acceso a internet no está siempre garantizado y con el teléfono puede ser aun peor. Cuando estableces la comunicación, la conversación es a veces superficial. ¿Qué comes? ¿Cómo duermes? pero nunca que haces, nunca que pasa realmente. Necesidades del servicio.

Tampoco desde casa quieren agobiarme con los problemas diarios porque saben, que por desgracia, poco puedo hacer desde aquí. Solo escuchar. Escuchar que a veces no es poco, pero que otras me llena de frustraciones al no poder ser de más ayuda.



Mientras tanto, leo en la prensa nacional como se juzga nuestra actuación, pero con medias palabras. Lo políticamente correcto entra en juego y la ambigüedad de nuestros representantes, la ansiedad por ganar votos, hace que la realidad vivida en España sea distinta a la de aquí.

Si, es una misión de paz, mantenimiento o establecimiento poca diferencia hay. Pero eso no significa que estemos regalando caramelos o repartiendo mantas. Los programas de ayuda humanitaria, así como los proyectos para el desarrollo son piezas del engranaje. Del mismo modo, la creación de un ambiente de seguridad. Las escuelas, los pozos de agua, la lucha contra la corrupción o la droga y un sin fin de cosas más son partes de un todo para la reconstrucción de un país y en todos esos aspectos debemos, las Fuerzas Armadas, estar involucrados. Pero también hay que contar que, para llegar a este punto, algunos se han quedado en el camino victimas de explosiones, minas o tiroteos. También hay que contar y decir claramente que cuesta dinero, pero que si queremos seguir participando en misiones internacionales hay que invertir en defensa, aunque decirlo sea políticamente incorrecto.

Ya quedan pocos días para mi regreso, pero mientras tanto seguiré informando desde Beachland.

Un abrazo.