domingo, 13 de diciembre de 2009

Hace 25 años



Es veinte de diciembre. Hace frió, esta lloviendo y la niebla ocupa parte del Patio de Armas de la Academia General Militar de Zaragoza. Sin embargo, eso no impide que nuestros corazones se encuentren ardiendo y si la vista se nubla, sea más por la emoción que por la climatología.


Antes de tomar juramento, antes de que podamos depositar nuestro beso sobre la Bandera, el General Director, General Santos Bobo nos dirige unas palabras.



"...oiréis mi voz, que no temblará...pero no seré yo... Será el Ejército todo, el de ayer, el de hoy y el de mañana... será la sangre de quienes la vertieron con heroísmo o regaron con ella un trozo querido y entrañable de tierra española, asesinados por el terrorismo criminal... Será el espíritu de cuantos, en cualquier lugar de España, besaron también y juraron fidelidad al sagrado símbolo de la Patria... Será, en fin, la Patria misma, la que os pregunte si ponéis a Dios por testigo, que eso significa "jurar", de que os vais a dedicar en cuerpo y alma a su servicio en el Ejército, con total abandono, con total desinterés por todo lo que pueda apartaros de él..."

Ha pasado el tiempo, hemos perdido pelo, cultivado canas y arrugas o ganado kilos. Hemos perdido vista y agilidad pero hemos ganado experiencia. La mayor parte casados, algunos más de una vez. Pero en esencia, seguimos siendo los mismos. Pese a los cambios que se han producido desde nuestro ingreso, pese a las adaptaciones, reestructuraciones e integraciones, estoy convencido que la esencia se mantiene y efectivamente seguimos orgullosos de haber depositado nuestro beso en esa Bandera. Y su significado sigue vivo.


"... No olvideis jamás este emocionante y sobrecogedor momento previo, que culminará con el beso de amor a su Bandera. Y cuando, tal vez en alguna circunstancia difícil de vuestra vida, sintáis que las fuerzas flaquean y la voluntad se debilita, revivid lo que ahora, en este preciso momento, está pasando por vuestras mentes y haciendo latir vuestro corazón, recrearéis al instante la energía necesaria para, si preciso fuere,... derramar hasta la última gota de vuestra sangre, en defensa del honor, la unidad y la independencia de la Patria..."

Estos avatares, no deben cambiar un ápice nuestra determinación de servicio y menos aún empañar un día dedicado al recuerdo, a la nostalgia y al orgullo de revivir nuestros ideales de juventud. Otras generaciones nos precedieron y sufrieron más y peores cambios llegando al extremo de una guerra. Pero no desistieron nunca de su vocación y servicio a la comunidad a la que nos debemos. Por ellos, por nosotros mismos y por los que vienen detrás, no podemos rendirnos.

El general forma una cruz con su sable y la Bandera, y pronuncia las palabras del juramento.

¡Caballeros Cadetes!

¿Juráis por Dios o por vuestro honor y prometéis a España, besando con unción su Bandera, obedecer y respetar al Rey y a vuestros jefes, no abandonarles nunca y derramar, si es preciso,, en defensa de la soberanía e independencia de la Patria, de su integridad territorial y del ordenamiento constitucional, hasta la última gota de vuestra sangre?"

Una sola voz resuena en el Patio "¡Sí lo juramos!"

"Si así lo hacéis, la Patria os lo agradecerá y premiará y si no, mereceréis su desprecio y su castigo, como indignos hijos de ella," "¡Caballeros Cadetes,! ¡viva España!"

Nuestras voces vuelven a unirse en un ¡Viva!

¡Viva el Rey!

Y una vez más ¡Viva!

Finalmente, don Emilio añade "Ruego a Dios que os ayude a cumplir lo que habéis jurado o prometido"




En fila de a uno, desfilamos ante la Bandera bordada por S.M. La Reina María Cristina.
Con mejor o peor acierto, nos descubrimos, cuadramos y giramos pero con igual pasión besamos la Bandera. Seguidamente pasamos desfilando de a tres, bajo el arco formado por la Bandera y el sable, siendo admitidos en la comunidad nacional como sus defensores.
Hace 25 años, nuestros padres y novias nos acompañaban. Este año los acompañantes serán mayoritariamente nuestras mujeres, nuestros hijos con sus novias y en algunos casos nuestros nietos. Algunos nos han dejado por el camino, unos demasiado pronto como Pedro Romero Otazua. Otros apenas hace unos años como "Mingui", o Isidoro víctima de la estupidez humana. Pero unos y otros siguen a nuestro loado dándonos ánimos. Gracias compañeros.

"La presencia aquí de vuestros familiares y amigos, significa, por un lado, su apoyo moral en este trascendente momento de vuestra vida y, por otro, su refrendo testimonial a la mutación que supone asumir la plenitud de obligaciones para con la Patria, lo que incluye el compromiso formal de dar por ella incluso la vida."

Pero los que no están físicamente presentes lo estarán en nuestros corazones, compartiendo, otra vez, la misma emoción de hace 25 años. Quiero rendir un especial recuerdo al General Director que nos tomó juramento y que ha sido, es y será un ejemplo en mi vida. Puso el listón muy alto, pero eso hace que mi motivación tenga que ser aún mayor y mi lucha más enconada. Gracias mi General, gracias papá.

Terminado el acto castrense, el acto que lleva toda la carga emocional, viene la celebración festiva, la celebración que hermana todas y cada una de esas emociones.



Emperador al Champán
Roastbeef al Oporto
con guarnición de Coles de Bruselas y Puré
Piña tropicana con nata y nueces


Blanco San Genís
Tinto Alfonso XII
Cava Dubios.

Nombres, estos últimos, grandemente vinculados a la Academia. El reverso del menú, lleno de firmas y dedicatorias, lleno de promesas y recuerdos, lleno en fin de vida.

Las horas pasan y poco a poco, cada uno de nosotros se va retirando para disfrutar de unas merecidas vacaciones de Navidad. Bien sólos o acompañados de nuestros familiares emprendemos el viaje de vuelta con el corazón pletórico de emociones, con el ansia de un descanso y también por qué no, con las ganas de volver con esperanzas renovadas a la Academia.
En esas andaba yo, intentando asimilar lo sucedido y, cuando parecía que todo había acabado, cuando parecía que no había posibilidad de vivir más emociones en un mismo día, papá hizo aparición en el salón. Aún vestía de uniforme.

"Jorge -me dijo- esta Bandera que te entrego ha sido testigo de la promesa que has hecho y es mi regalo para tu futura vida militar. Ha ondeado en el patio de esta Academia durante la jornada de tu juramento y ha sido arriada con honores.

Puesto en pie, y con un nudo en la garganta, recibí de manos del general tan impresionante legado. Desde entonces, esta Bandera ha presidido los despachos de mis distintos destinos, ha ondeado en Cabrera mientras ostentaba el cargo de Comandante General de la Isla o en los diversos núcleos de formación de nuevos soldados de la Guardia Real.

El toque de Oración, marca el final del día. En el, recordamos a nuestros muertos y les rendimos homenaje. No puedo, por menos dejar pasar esta ocasión para rendir un homenaje a todos los que de una forma u otra han dejado su vida en el cumplimiento del deber, sirviendo al espíritu de la General, sirviendo a España.

"...Quien sirva en esta Academia y jure esta Bandera, aunque quiera ser traidor no podrá serlo nunca". Yo me atrevería, incluso a modificar para vosotros la frase del General Galbis, diciendo: Quien sirva en esta Academia y jure esta Bandera, no tendrá jamás la menor tentación de infidelidad."

Un abrazo y hasta pronto.