viernes, 20 de febrero de 2009

Sin Blog no eres nadie

Todos hemos oído hablar del Género Epistolar. A todos nos suenan las epístolas de San Pablo a los corintios o a los tesalonicenses e incluso aún recordamos de nuestro bachillerato las Cartas Marruecas. De igual manera, el hallazgo de correspondencia entre dos ilustres personajes ha servido para entender mejor sus personalidades y el momento histórico que vivieron. También estoy seguro que la mayoría hemos ejercitado el género epistolar. Largas o escuetas cartas dirigidas a nuestras novias y novios, que hemos atesorado y hoy constituyen un recuerdo imborrable de nuestra pasión y juventud.

Igualmente influidos por la literatura o por la Guerra fría, hacíamos uso de la mensajería. Utilizábamos a nuestra amiga como correo del Zar y enviábamos un mensaje cifrado expresando nuestro amor o acordando una cita a la salida del cole.

¿Ha cambiado algo desde entonces?

De adolescentes esperábamos impacientes la llegada del cartero. Intentábamos ser los encargados de coger el correo para evitar que nuestros hermanos mayores se mofaran por haber recibido carta de nuestra novia. Envidiosos ellos. Aguantábamos estoicamente esa mofa al igual que los comentarios paternos que nos aconsejaban el estudio en vez del improductivo cultivo del género epistolar. Pero nuestra pasión por la literatura era mayor.

Ahora, apenas recibimos correo, casi ni el banco nos escribe a no ser que quiera recordarnos que estamos en números rojos y han devuelto un recibo.

Por otro lado, muchos de nuestros hijos adolescentes disponen de teléfono móvil y ordenador en sus dormitorios. Los mensajes del móvil siguen estando encriptados y salvo minucioso análisis es difícil descifrar su contenido. A través del ordenador, pueden enviar correos, mantener conversaciones en tiempo real, o videoconferencias de las que normalmente no te enteras pues una oportuna secuencia de teclas hace desaparecer todo rastro y no te queda más remedio que pensar que tu hijo está siguiendo los consejos del abuelo y dedica su tiempo al estudio.

En este sentido, podríamos concluir, que de momento no existen grandes cambios, pero veamos.

En nuestro epistolario adolescente, expresábamos nuestros más íntimos sentimientos, y lo hacíamos de forma personal e intransferible. Bueno está bien, alguno ha podido pedir a su amigo que escribiera algo bonito en su nombre para la chica de sus sueños, pero en general éramos nosotros mismos. Con nuestra pluma de Primera Comunión o con bolígrafo, con nuestra mejor o peor caligrafía y ortografía, redactábamos con libertad.

Sin embargo ahora, el correo electrónico se impersonaliza y enviamos presentaciones ajenas a nosotros que aunque puedan expresar lo que pensamos o sentimos limitan nuestra capacidad de expresión.

En resumen, el SMS, chat o e-mail han modificado nuestras pautas de comunicación, fundamentalmente en lo referente al empleo del lenguaje, pero en cierta medida mantienen el contacto inter-personal. Ganamos tiempo empleando un lenguaje eficaz aunque poco formal y en contrapartida perdemos capacidad de expresión, masificando nuestros sentimientos escondiéndonos en presentaciones impersonales.

Quizá esa modificación–evolución en la comunicación nos haya hecho reflexionar y en consecuencia queramos subsanar nuestros errores. O simplemente se trate de buscar un espacio donde expresarnos libremente. ¿Es eso un Blog?

De un lado, mediante el Blog recuperamos el uso del lenguaje en su forma más pura, sin signos convencionales ni mensajes cifrados. Con total y voluntaria aceptación de las normas ortográficas y gramaticales que alguno deberíamos repasar.

De otro, nos expresamos libremente, sí. Pero a mi entender, tiene algo de impersonal. ¿Escribimos par un público o lo hacemos exclusivamente para nosotros? ¿Utilizamos el Blog como parapeto para evitar el contacto personal?

Los comentarios de nuestros lectores son nuestro refuerzo, nuestra retroalimentación o feed back pero pueden, en ocasiones, carecer de sentimiento y por lo tanto pese a que el ciclo de la comunicación este cerrado, la verdadera comunicación interpersonal no se ha establecido.

En cualquier caso, parece que hoy en día si no tienes Blog no tienes nada que decir o si tienes algo que decir necesitas un Blog. En otras palabras, sin Blog no eres nadie y este es el motivo por el que creo mi Blog. Yo también quiero ser alguien

3 comentarios:

Angel Santos dijo...

Bienvenido al club de los bloggeros! Ya eres alguien, aunque veo que lo fuiste y dejaste de ser por un tiempo. Buenas noches y buena suerte.

Santitos dijo...

Sin duda es cierto todo lo que dices. Veremos si ahora, con tu granito de arroz, podemos cambiar un poco las cosas.
Un abrazo.

Álvaro Santos dijo...

No, yo no era un hermano envidioso, sólo un hermano malvado, pérfido, cruel. Pero ya se me ha pasado, creo y espero. Yo no escribía cartas de amor, ni las recibía, pero comparto contigo que es mejor el género epistolar antiguo que el actual de messenger y demás zarandangas. Pero mejor era, como dices, el género epistolar de los clásicos, incluso el de san Pablo. Corintios y Tesalonicenses hacen cuatro, a las que debemos añadir alguna otra, como Romanos, Efesios, Timoteo... Todos, no sólo alguno, debemos renovar nuestros conocimientos y prácticas en el uso, respeto e incluso abuso de la gramática, la sintaxis, la ortografía, la semiótica, la semántica, la etimología y la etimografía. Y no te preocupes, que siempre serás alguien, con o son blog, para los que te quieren/queremos, y tienes unos cuantos en ese negociado, y sobre todo para Dios Omnipotente nuestro Señor.
Aunque todo esto ya lo sabes, que yate lo había dicho en privado.